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mayo

Por Sin Comentarios
balance

Tanto las sobreprotecciones como los abandonos, extremos opuestos de las relaciones vinculares con el entorno, producen patología psíquica. La cordura y la sanidad la hallaremos siempre en los términos medios.

Indefensión por exagerada sobreprotección: Padres con historias muy dolorosas y con situaciones de desamparo, que proyectan inconscientemente en su hijo al propio hijo sufrido, de seguro terminarán sobreprotegiéndolo exageradamente. Darán como resultado un niño desvalido, quejumbroso e incapaz de defenderse solo. También generarán niños melindrosos aquellos padres que repiten en forma inconsciente la sobreprotección adquirida, o que hayan sufrido la muerte de un primer hijo, o aquellos que el destino biológico los desfavoreció con alguna malformación congénita de algún descendiente, como también lo hará la compensación asfixiante por ausencia de uno de los progenitores.

Abandonos afectivos: Padre, madre, o ambos ausentes. Los abandonos (falta de otredad por carencia de esfuerzos de amor) que la indolencia de los padres les ha privado, generarán resentimientos con deseos de venganza y envidia involutiva al compararse con otros niños. Ello redundará en un aumento de la inferioridad que hasta puede llegar a impedirles la fantasía en el juego, pobreza emocional, desesperanzas, heridas afectivas y trastornos de conductas graves.

Cuestionar lo que nos dieron o recibimos aunque nos cause desagrado y dolor; y al mismo tiempo intentar modificar las distorsiones que provocamos admitiendo nuestras negligencias, falencias o errores, favorecerá que nos ubiquemos en el medio, en el lugar de la sanidad, lo que nos hará sentir más dignos y plenos.

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