8

septiembre

Por Sin Comentarios

sintomas-depressaoTodos los seres humanos tenemos un poco de maníacos y de depresivos , y a la enfermedad la hallaremos en los extremos. El estado maníaco se refiere a un estado psíquico en que el individuo se percibe todopoderoso, omnipotente, exultante, hiperactivo, invulnerable, y , a veces, dueño de un poder dominante con pocos sentimientos de culpa. El depresivo es lo opuesto. Sin embargo, a las depresiones más severas siempre las preceden períodos de gran manía. Se debe estar más que atento para detectar estos períodos de hiperactividad superficial ineficaz, exaltado bienestar, verborrea exagerada, fuga de ideas, hablar de un tema y pasar a otro, dispersión, excitabilidad abusiva, jolgorio o irritabilidad desmesurada, proyectos irrealizables que le quitan el sueño, compras compulsivas, etc., etc., que tanto en la manía como en la hipomanía por lo general pasan inadvertidos, como consecuencia de que la persona no manifiesta sentirse mal. Solo lo perciben los más allegados al notarlo contantemente excitado, inquieto, ocupado, más autoritario e intolerante que de costumbre, absorbido por sus ensueños y necesidades e ignorando al otro. En algún momento y por un factor externo que altera su estado omnipotente y maníaco, comienza a percibir vulnerabilidad, y ella irá creciendo con la misma exageración, pero en forma contraria a como era negada antes. Lo asaltarán temores irracionales, culpas por situaciones actuadas durante su período maníaco, no puede conciliar el sueño, prefiere no levantarse por la mañana ni enfrentar nada; no ir a trabajar, aunque si lo hace, el desarrollar la tarea lo alivia. Solo encuentra paz en su casa y preferiblemente solo, pero a la mañana siguiente se siente angustiado y cada vez más abatido. Así sucesivamente, día tras día, hasta que muy deprimido decide no levantarse más de la cama. No se conformará con nada y todo le parecerá mal. Si le solicitan que deje esa actitud despectiva, encolerizará con violencia, y justificará esa conducta aduciendo que todos lo molestan y están en su contra. Aquí la depresión ya es grave, pues pierde todo interés por el trabajo, apariencia personal, y hasta de su aseo, haciendo gala de un abandono marcado, férreamente defendido. En esta etapa, la invasión de la indolencia es fatal; se lo percibe aislado, sin energía, cada vez más ansioso, introvertido, desinteresado por la comida, de los que lo rodean y del placer. Muy decaído, no tomará ninguna decisión, no sabe que ropa habrá de ponerse, comer o no hacerlo, etc., Inquieto, persecutorio, taciturno pero en el fondo muy omnipotente, juzga que los demás están en su contra. El maltrato hacia sí mismo es constante; lo hace a través de pensamientos omnipotentes denostadores de su persona, considerándose un inepto fracasado. Incongruencia sin sentido, que mantiene su pasividad con pensamientos omnipotentes, mientras que en la superficie manifiesta ser impotente, ver todo negro y el lado vacío del vaso. Por supuesto que en este estado será imprescindible medicar, además de realizarle una terapia intensa y profunda.
La máxima expresión y la más grave de esta enfermedad, es el trastorno bipolar I.
Es de advertir que tanto la ciclotimia como la enfermedad maniaco depresiva, afecta a ambos sexos, incapacita para realizar tareas laborales, y es causal de divorcio por los inconvenientes que genera en la convivencia. Ya que tanto la hipomaníaco, con sus fantasías exageradas y su hiperactividad superficial; como el melancólico, con sus pensamientos distorsionados pesimistas y su dejarse estar, encubren una gran tendencia a la indolencia que les limita enormemente la productividad, y fundamentalmente la otredad (ocuparse del otro).

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