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octubre

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Códigos-familiares-que-nos-impide-ser-libresLa primera libertad, la inocente libertad del paraíso terrenal, del embrión flotando en las membranas amnióticas de la madre, o la libertad del niño antes de lograr su autodeterminación como individuo, es una falsa libertad. SI bien al nacer corta el lazo umbilical con su madre, durante mucho tiempo dependerá del entorno que lo forjó y carecerá de libertad hasta que no corte los lazos originales introyectados, que son existenciales a raíz del amparo que simbolizan. No existe la exogamia absoluta y se es más libre en la medida de que el entorno a través de una apropiada otredad, permitió la libre expresión del verdadero Yo del niño, respetando su ser persona. Claro que para que ello ocurra será necesario que los padres ejerzan una autoridad democrática y responsable, solo posible si, renunciando a la indolencia, acuden al mundo de los esfuerzos y captan valores.

Conspira contra la libertad la ausencia de esfuerzos de coraje para enfrentar nuestra orfandad, lo recibido, aferrarse a lo conocido aunque a veces resulte perjudicial; pero la libertad es cuestionar aquello que nos legaron a pesar del dolor que produce, asimilando lo bueno para superarnos. Es decir afectar a la sociedad con un proyecto de vida propio y peculiar, afectivo/espiritual que continúe favoreciendo la evolución de la raza. El psicoanálisis gracias al determinismo inconsciente, nos sugiere que exploremos nuestras motivaciones inconscientes, que no basta con creernos libres para serlo; y ese cuestionamiento seguramente nos permitirá ser más libres y acercarnos más a la verdad, a sabiendas que la indolencia nos transforma en seres estáticos. También deberíamos cuestionarnos si ser libres es satisfacer cualquier impulso o deseo, hacer nada más que lo que nos gusta, sin cargas ni preocupaciones e independientes de cualquier proyecto ético que nos incomode. La libertad es un abrirse, es estar flexible y disponible a los cambios, en suma, es la capacidad en esfuerzos que tiene el hombre de hacerse cargo responsablemente de su evolución individual y social, apelando a la mayor conciencia de sí mismo.

Cuanto más sometido fue uno en la infancia por negligencia e indolencia autoritaria de sus padres, menor será su libertad. Las inhibiciones, sometimientos, sobreprotección, abandonos, carencias de otredad, maltratos, exigencias desmedidas e identificaciones distorsionadas, que ha olvidado pero que inconscientemente lo dirigen, condicionarán su conducta. Y esa renuncia a sus derechos por adaptación al medio, seguro le dejó un vacio interior al resignar su libertad, y entonces por identificación y repitiendo sin querer lo recibido, limitará también él la libertad de su entorno.

La libertad, acorde a la mayor o menor negligencia (indolencia) familiar recibida tendrá como consecuencia dos destinos: a) ser aparentemente libre. Influida por una gran carga de indolencia se la observa representada por trasgresiones constantes que solo buscan el placer espurio; b) ser verdaderamente libre, representada por la plenitud que otorga la captación de valores, en donde el placer y la alegría inunda una existencia con sentido evolutivo. Y siempre de cada uno de nosotros dependerá la elección, tanto la de ser masa e ir adonde va la gente; como la de ser libres y cuestionados e imponer nuestro propio criterio reconociendo los errores.

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